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MACHU PICCHU, 100 años del descubrimiento por Hiram Bingham
por Seby el 24 jul 2011, en Maravillas del Mundo

MACHU PICCHU 100 años del descubrimiento por el historiador y explorador Hiram Bingham
El arqueólogo Hiram Bihgham creyó que había encontrado la mítica ciudad perdida de los incas. Regresó al año siguiente, financiado por Yale y la joyería Tiffany.
Hoy hace 100 años que descubrió Machu Picchu, la ciudadela inca que en 2007 fue declarada como una de las nuevas Siete Maravillas del Mundo.
Bingham iba tras la mítica ciudad perdida de los incas, el lugar donde Pachacútec, el último emperador indígena plantó cara a los conquistadores españoles en el siglo XVI.
Partió desde Cuzco. Recorrió el cañón del caudaloso Urubamba, y el 24 de julio de 1911 por la mañana llegó al puente de Mandor.
Allí, un niño lo guió por la espesa vegetación. El norteamericano tuvo que agarrarse a la maleza para ascender por las empinadas y espesas laderas de la Montaña Vieja, Machu Picchu en quechua.
Cuando coronó la cima, se entusiasmó: “Escondido entre los árboles había un gran muro cubierto por el musgo [...]. Lo recorrí y vi que formaba parte de una casa y que en seguida había otra, y después otra más”, escribió Bingham.
Creyó que había encontrado la ciudad perdida de los incas y, aunque muchos se lo rebatieron, él insistió, tozudo, en el libro que publicó en 1948 La ciudad perdida de los incas.
Machu Picchu no era la ciudad perdida; la auténtica la encontró en 1964 el aventurero Gene Savoy, en la región de Vilcabamba, en un lugar que, curiosamente, había explorado Bingham.
La paradoja es sorprendente: la había descubierto sin saberlo y, sin embargo, se empecinó en colgarse la medalla de Machu Picchu, que no le correspondía. Según demuestran varias fuentes, entre otras, el diario del propio Bingham que luego él decidió olvidar, el peruano Agustín Lizárraga había estado en Machu Picchu nueve años antes. Y había dejado su firma y la fecha de su visita, escritas en carboncillo sobre las piedras de la ciudadela.
Además, hay evidencias de que, en 1867, el explorador alemán August Bern también había estado allí. Pero no supieron dar al hallazgo la publicidad que Bingham le otorgó. En 1912 regresó con más pertrechos. Financiaban la Universidad de Yale y su mujer, Alfreda Mitchell, nieta del fundador de la joyería Tiffany de Nueva York.
Además se llevó a un equipo de la revista National Geographic, dirigido por Alexander Graham Bell, el inventor del teléfono. La revista celebraba su vigésimo aniversario con una edición dedicada a este importante hallazgo. Así se enteró el mundo de la existencia de Machu Picchu.
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El lugar mantiene la magia y el encanto. Y continúan barajándose varias tesis sobre su finalidad. Se construyó sobre 1450 d.C. y se cree que era un sitio sagrado, dedicado al retiro de las élites y a los rituales religiosos.
Los turistas (unos 800.000 al año) acuden porque Bingham estuvo allí y lo contó. Pero en Perú no se guarda buen recuerdo del norteamericano. Se llevó unas 50.000 piezas arqueológicas a su país. Prometió estudiarlas y luego devolverlas, pero el retorno le ha costado a Perú un siglo de demandas. Por fin en 2007 comenzó la devolución, que todavía no se ha completado. El tesoro se custodiará en un nuevo museo de Cuzco.
Fuente: La Gaceta, intereconomia.com
INTI RAYMI, Fiesta del Sol. Cusco
por Seby el 24 jun 2010, en Eventos, Históricos
Fueron varias las razones que impulsaron a la civilización Inka a realizar los sacrificios y ofrendas al astro rey. Una fue que el Inka, al igual que la nobleza cusqueña, eran considerados hijos naturales del Sol. A él obedecían su existencia, y debían corresponderle con sacrificios y ofrendas.
El sol se iba alejando (junio – solsticio de invierno), el frio aumentaba, en los amaneceres el agua estaba escarchada, por tanto, había que pedirle al Sol que volviera, que al rayar los crepúsculos matutinos no siguieran avanzando hacia el norte. Finalmente, había que testimoniarle al dios Inti, la eternidad y total entrega de sus hijos, con sumisión y respeto.
El Inti Raymi es una fiesta que celebra al dios Sol de los incas. En la actualidad se recrea el 24 de junio de cada año como la festividad más solemne y grandiosa del desaparecido Imperio incaico. El escenario del Inti Raymi es la fortaleza de Sacsayhuamán, ubicada en la zona norte de la ciudad del Cusco, a 255 metros de altura sobre el nivel de su plaza de armas, o sea a 3.671 metros sobre el nivel del mar Según el Inca Gracilazo de la Vega, Sacsayhuamán es “la obra mayor y más soberbia que los incas mandaron construir para mostrar su poder y majestad”.
El Inka Pachakuteq mandó a construir el Qorikancha, un fastuoso templo dedicado a reverenciar al Sol, dios al que los inkas denominaban
Apu P`unchao o Apu Inti, en cuyo honor fue consagrada la imponente fiesta del INTI RAYMI, que alcanza contornos de solemnidad y esplendor, tal como describen los más importantes cronistas.
Hace más de seis siglos, el Inka Pachakuteq instituyó la Fiesta al dios Sol. Los Cusqueños actualmente siguen representando el Inti Raymi con el mismo fervor con el que sus ancestros lo realizaban en las esplendorosas épocas del incanato.
El Inti Raymi, en su versión contemporánea se realiza desde el 24 de Junio de 1944, cuando fueron instituidas las fiestas de la ciudad en recuerdo a su milenario origen y cuna de la Gran Civilización Inka.
El pueblo del Cusco se prepara para la fiesta desde muchos días antes del 24 de junio, fecha en la que colma la explanada frente a la cual se levanta la fortaleza de Sacsayhuamán.
Al compás de milenarios aires musicales, delegados de los cuatro suyos desfilan con sus vestimentas típicas, y también, como venidas de otros tiempos, ñustas, coyas y pallas, las cuales avanzan en ondulantes columnas. Finalmente, de pronto, el Inca se deja ver. El soberano es transportado sobre una litera -que en la época legendaria era de oro y plata- y acompañado de un séquito de orejones y otros dignatarios que caminan a respetable distancia de él.
La fiesta en honor al dios Sol, se realiza en presencia del Inca, el Willaq Uma o Sumo Sacerdote, Tarpuntay, Wirapirikuq y Kallparikuy, al igual que los nobles y representantes de las panacas, para lo cual se utilizan tres impresionantes escenarios históricos y naturales:
Inti Raymi – Coricancha
Qorikancha (Cerco de oro): Templo principal del Cusco dedicado al Sol, donde se dice estaba el jardín de oro (aquí se realizaban los primeros rituales del culto al Apu Inti y a la Pacha Mama, donde fueron enterradas cuantiosas ofrendas, cuyas evidencias halladas en 1972 se encuentran en el Museo Garcilaso del INC).
Inti Raymi – Plaza de armas
La Plaza Mayor (el antiguo Auqaypata o Plaza del Guerrero): En tiempo de los Incas, en esta inmensa plaza se desarrollaba íntegramente la ceremonia en medio del gran USHNU (plataforma ceremonial).
Inti Raymi – Saqsaywaman
Saqsaywaman (voz que deriva de los términos quechuas “saqsay” y “waman”, que traducido al español significa “sacíate halcón”). Se encuentra a 3,555 m.s.n.m., a un kilómetro del barrio inca de Qollqanpata. Fue la Real Casa del Sol y templo consagrado al Rayo, según Garcilaso. Aquí desde 1944 tiene lugar la parte central del Inti Raymi contemporáneo ante una impresionante multitud.
Con casi sesenta años de existencia, el nuevo Inti Raymi es ahora parte inseparable de la vida del Cusco. No sólo es el acto central del mes en la ciudad, sino que su fama ha trascendido las fronteras peruanas y también, dentro de ellas, ha sido el ejemplo para otros festivales de la identidad nacional.
Enlaces de interés:
intiraymi.infocusco.pe
cuscofestividades.info
Machu Picchu, ciudad de los Incas
por Seby el 13 may 2009, en Maravillas del Mundo

Machu Picchu
Cada vez que nos enfrentamos a un lugar cuya historia escrita no existe, es muy grande la tentación de imaginar cómo era y quiénes eran los que allí vivían en su época de esplendor. Concebimos gentes caminando por las calles y las plazas, sentados o haciendo ceremonias, usando su vajilla, vestidos con sus adornos… Ya no quedan testimonios vivos o escritos, pero todos sabemos que algo así pasaba en ese lugar. La arqueología y la etnohistoria ayudan a absolver esas y otras preguntas, pero desde luego tienen limitaciones. ¿Quiénes vivían en Machu Picchu y qué hacían? Si la hipótesis de que fue el mausoleo de Pachakutec Inca Yupanqui es válida, vale la pena saber cómo pudo ser ese lugar en tales condiciones.
El mausoleo del Inca estaba rodeado de templos, altares y otros espacios donde vivían la coya, jefe de la panaca (“familia”) de Pachakutec, sus servidores y los amautas que mantenían el culto, lejos del circuito regular de los caminos, en medio de un bosque de orquídeas. Si Machu Picchu fue la “casa” del Inca, llamada Patallacta en las crónicas, debe de haber sido construida durante su largo mandato a comienzos del siglo XV, unos 100 años antes de la llegada de los españoles. Según dicen los relatos antiguos, esas residencias eran usadas por los propios incas para su solaz y descanso mientras vivían. Estaban dotadas de todos los recursos necesarios para operar sin depender del exterior, con sus propios campos de cultivo, ganado, talleres y demás.
¿Casualidad de ingeniería en las diferentes culturas?. Los andenes para la agricultura, y las construcciones de muros de piedra.
por Seby el 12 mar 2009, en Curiosidades
Andenes para la agricultura
Los ríos que discurren por la cordillera de los Andes forman valles estrechos en los territorios situados por encima de los 500 metros de altitud. A diferencia de la costa peruana donde la irrigación con canales permitió ganar tierras cultivables a los desiertos planos, en las zonas montañosas del Perú existen valles muy estrechos y profundos lo que impedía la existencia de una agricultura a gran escala. Los antiguos andinos, al necesitar tierras de cultivo adicionales a las que les ofrecían sus estrechos valles, intentaron ganar esas tierras a costa de las montañas y crearon los primeros andenes.
En los siglos sucesivos se perfeccionó la técnica de construcción de andenes, incorporando capas de diferentes materiales al relleno, para controlar mejor el drenaje de los mismos frente a las lluvias. En el siglo XV los incas llevaron la arquitectura de andenes, a su máximo esplendor invirtiendo recursos considerables no solo en los rellenos sino en la calidad de los muros de piedra.
En el período inca, precisamente, los andenes fueron usados para otros fines, como controlar la erosión de las montañas donde construían sus centros ceremoniales. Por ejemplo buena parte de los andenes construidos en el extremo oeste de Machu Picchu tienen esa finalidad.

Terrazas de agricultura en Machu Picchu. Cusco

Terraza para la agricultura en Pisac. Cusco

Terrazas para la agricultura en Moray. Cusco
La adaptación de técnicas agrícolas que ya se empleaban con anterioridad en distintas partes, permitió a los incas organizar la producción de diversos productos, tanto de la costa, sierra y selva, para poder redistribuirlos a pueblos que no tenían acceso a otras regiones. Los logros tecnológicos, alcanzados a nivel agrícola, no hubieran sido posibles sin la fuerza de trabajo que se encontraba a disposición del Inca, así como la red vial que permitía almacenar adecuadamente los recursos ya cosechados y repartirlos por todo su territorio. El desarrollo agrícola inca y las técnicas usadas fueron tan efectivas que muchos expertos consideran que si se reutilizaran hoy en día se solucionarían los problemas de nutrición de la gente de los Andes por muchas décadas.
Luego de la conquista española, el uso de los andenes se mantuvo y hasta el día de hoy existen regiones donde se cultiva en ellos de forma abundante.
La permanente necesidad de ampliar las tierras agrícolas, siempre presente en los reducidos espacios isleños, ha provocado en Mallorca la presencia de estructuras edificadas de piedra seca, en gran parte construidas durante la edad moderna y contemporánea y que han marcado el carácter de los paisajes agrarios, dominados visualmente por la piedra, aunque con diferencias muy notables según la parte de la isla.
En las anchas llanuras calcáreas que predominan en el sur y levante de la isla las estructuras más significativas son los muros de separación de las propiedades y de las diferentes subparcelas en las explotaciones. Estas paredes, altas, complejas y a menudo hechas cuidadamente, comparten y caracterizan los paisajes con sustrato calcarenítico, como las marinas de Llucmajor, de Santanyí de Llevant y de Petra, así como otras áreas menores, cerrando el mosaico de usos que les caracteriza y en el que alternan la comunidad vegetal con los terrenos cultivables y los pastos.
El proceso de roturación de nuevas tierras para su dedicación a la agricultura funcionó durante varios siglos mediante el sistema de rotes, contrato de arrendamiento de tierras a largo plazo a cambio de su cultivo; la repetición de este sistema queda marcada sobre el territorio por una intensa presencia de casas (barracas) edificadas igualmente con la técnica de piedra en seco. Las barracas, a parte de su utilización para la actividad de los aparceros, se ligan también a aprovechamientos ganaderos (barracas para el ganado) o para otras actividades extractivas (carbón, extracción de agua, pesca…).
El incremento de las tierras aprovechables necesitó igualmente elementos de control de los excesos hidráulicos; en este sentido, las tierras del Pla de Mallorca están sistemáticamente drenadas mediante albañales y acequias, conducciones tanto superficiales como subterráneas, mientras que la mayor parte de recursos torrenciales aparecen canalizados y reconducidos entre muros de piedra seca, y en determinados casos anulados por muros transversales (parats).
Finalmente hay que tener en cuenta el elemento de piedra seca más destacable de la isla, que son los acondicionamientos de la mayor parte de laderas de la sierra de Tramuntana y otros lugares montañosos con terrazas de cultivo soportados por muros de piedra seca (marjades o paredes). Los campos de bancales son omnipresentes en la montaña mallorquina, tanto en zonas de pequeña propiedad como en las grandes posesiones, y, con independencia de las litologías, constituyen entidades complejas, en que además de terrazas aparecen numerosos elementos asociados, desde caminos a intrincados sistemas de drenaje y reconducción de aguas, además de mecanismos de conexión, pequeños habitáculos y elementos de soporte.

Terrazas agrícolas en Mallorca

Terrazas agrícolas en Mallorca

Terrazas agrícolas bajo el pueblo de Deià, en Mallorca.
La expansión de tierras agrícolas de montaña, cuyo inicio no permiten datar con seguridad los conocimientos actuales, duró –en líneas generales– hasta principios del siglo XX, aunque desde finales de las primeras décadas de esta centuria empezó un progresivo proceso de abandono de los territorios con rendimientos marginales, que afectaran primeramente a los municipios de la parte más abrupta de la sierra y con un régimen de propiedad latifundista. En cambio, en determinados lugares con una propiedad minifundista, como el valle de Sóller, la expansión del olivar, y consiguientemente de las paredes, duró hasta la década de 1940.
Los complejos paisajes de piedra mallorquines han sido en buena parte el resultado de la acción de un colectivo de artesanos especializados en el trabajo de la piedra seca, los margers (paredadores), que, sin llegar a configurar un gremio independiente dentro del complejo mundo laboral de la sociedad tradicional, han constituido un grupo de trabajadores con un utillaje, unas técnicas y un proceso de aprendizaje bien establecidos y diferenciado de los otros oficios relacionados con la construcción, como los picapedreros o los otros oficios relativos al trabajo de la piedra.
El mundo de la piedra en seco forma parte de la imagen arquetípica de la isla que se vende a los visitantes, que por otra parte constituyen la base de la economía insular. La trascendencia territorial de los procesos del escalonamiento de terrenos queda así bien demostrada. El proceso de catalogación aún no finalizado permite aventurar que una extensión de la montaña mallorquina de unos 200 km2 está sostenida por bancales, mayoritariamente realizados con técnicas bastante cuidadas y con unas características constructivas de notoria complejidad. Algunos elementos que ejemplifican el grado de perfección del ribazo en la isla son las notables alturas medias de los muros de contención (son frecuentes los que tienen de 2 a 4 metros de alto), el predominio de la piedra bastante trabajada y –sobre todo– su integración en unos conjuntos complejos y planificados. Así, los campos formados por bancales están dotados de elementos complementarios, tanto para solucionar el acceso (escalones voladizos, escaleras, rampas), como con una finalidad hidráulica (albañales, acequias de drenaje, pozos, cisternas, aljibes…) y para servir de cobijo a las personas o al ganado. Quizá la atribución de este patrimonio a un colectivo de constructores altamente especializado hace que, a pesar de las décadas de abandono que han sufrido, se encuentre en un estado de conservación relativamente bueno.
Los valores ambientales de los conjuntos de bancales corren paralelos a su interés constructivo y patrimonial. Los más de 10.000 kilómetros de muros de contención de la montaña mallorquina constituyen un particular microhábitat de características únicas y que con el paso de los siglos son el único lugar donde arraigan taxones endémicos como los interesantes helechos baleáricos (Asplenium majoricum, Asplenium sollerense, Asplenium orelli). También fuentes y aljibes en estos ámbitos son un buen refugio para el ferreret o sapillo balear (Alytes muletensis), interesantísimo anfibio endémico mallorquín que, descrito científicamente en la década de 1970, constituye un verdadero tesoro biológico. Pero sin lugar a dudas, el principal valor ambiental de la obra de piedra es la función de regulación de la escorrentía ejercida por las terrazas de cultivo y elementos hidráulicos asociados, que se muestra fundamental en la regulación de las avenidas y de la pérdida de suelo en un lugar como la sierra de Tramuntana con una pluviosidad total anual muy elevada (hay zonas donde la media anual de precipitaciones llega a los 1.500 mm), y donde son posibles aguaceros de mucha intensidad horaria, con valores en 24 horas que a menudo superan los 200 mm y que excepcionalmente han alcanzado los 800 mm en un solo episodio.
Paredes y muros mallorquines

Pared seca mallorquina

Pared seca mallorquina

Paredes y muros Incas

Paredes y muros Incas

Paredes y muros Incas

