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Tag: Machu Picchu

Machu Picchu, ciudad de los Incas

por Seby el 13 May 2009, en Maravillas del Mundo

Machu Picchu

Machu Picchu

Cada vez que nos enfrentamos a un lugar cuya historia escrita no existe, es muy grande la tentación de imaginar cómo era y quiénes eran los que allí vivían en su época de esplendor. Concebimos gentes caminando por las calles y las plazas, sentados o haciendo ceremonias, usando su vajilla, vestidos con sus adornos… Ya no quedan testimonios vivos o escritos, pero todos sabemos que algo así pasaba en ese lugar. La arqueología y la etnohistoria ayudan a absolver esas y otras preguntas, pero desde luego tienen limitaciones. ¿Quiénes vivían en Machu Picchu y qué hacían? Si la hipótesis de que fue el mausoleo de Pachakutec Inca Yupanqui es válida, vale la pena saber cómo pudo ser ese lugar en tales condiciones.

El mausoleo del Inca estaba rodeado de templos, altares y otros espacios donde vivían la coya, jefe de la panaca (”familia”) de Pachakutec, sus servidores y los amautas que mantenían el culto, lejos del circuito regular de los caminos, en medio de un bosque de orquídeas. Si Machu Picchu fue la “casa” del Inca, llamada Patallacta en las crónicas, debe de haber sido construida durante su largo mandato a comienzos del siglo XV, unos 100 años antes de la llegada de los españoles. Según dicen los relatos antiguos, esas residencias eran usadas por los propios incas para su solaz y descanso mientras vivían. Estaban dotadas de todos los recursos necesarios para operar sin depender del exterior, con sus propios campos de cultivo, ganado, talleres y demás.

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¿Casualidad de ingeniería en las diferentes culturas?. Los andenes para la agricultura, y las construcciones de muros de piedra.

por Seby el 12 Mar 2009, en Crónicas

Andenes para la agricultura

Los ríos que discurren por la cordillera de los Andes forman valles estrechos en los territorios situados por encima de los 500 metros de altitud. A diferencia de la costa peruana donde la irrigación con canales permitió ganar tierras cultivables a los desiertos planos, en las zonas montañosas del Perú existen valles muy estrechos y profundos lo que impedía la existencia de una agricultura a gran escala. Los antiguos andinos, al necesitar tierras de cultivo adicionales a las que les ofrecían sus estrechos valles, intentaron ganar esas tierras a costa de las montañas y crearon los primeros andenes.

En los siglos sucesivos se perfeccionó la técnica de construcción de andenes, incorporando capas de diferentes materiales al relleno, para controlar mejor el drenaje de los mismos frente a las lluvias. En el siglo XV los incas llevaron la arquitectura de andenes, a su máximo esplendor invirtiendo recursos considerables no solo en los rellenos sino en la calidad de los muros de piedra.

En el período inca, precisamente, los andenes fueron usados para otros fines, como controlar la erosión de las montañas donde construían sus centros ceremoniales. Por ejemplo buena parte de los andenes construidos en el extremo oeste de Machu Picchu tienen esa finalidad.

Terrazas de agricultura en Machu Picchu

Terrazas de agricultura en Machu Picchu. Cusco

Terraza para la agricultura en Pisac

Terraza para la agricultura en Pisac. Cusco

Terrazas para la agricultura en Moray. Cusco

Terrazas para la agricultura en Moray. Cusco

La adaptación de técnicas agrícolas que ya se empleaban con anterioridad en distintas partes, permitió a los incas organizar la producción de diversos productos, tanto de la costa, sierra y selva, para poder redistribuirlos a pueblos que no tenían acceso a otras regiones. Los logros tecnológicos, alcanzados a nivel agrícola, no hubieran sido posibles sin la fuerza de trabajo que se encontraba a disposición del Inca, así como la red vial que permitía almacenar adecuadamente los recursos ya cosechados y repartirlos por todo su territorio. El desarrollo agrícola inca y las técnicas usadas fueron tan efectivas que muchos expertos consideran que si se reutilizaran hoy en día se solucionarían los problemas de nutrición de la gente de los Andes por muchas décadas.

Luego de la conquista española, el uso de los andenes se mantuvo y hasta el día de hoy existen regiones donde se cultiva en ellos de forma abundante.

Los Andenes también presentes en la isla de Mallorca.

La permanente necesidad de ampliar las tierras agrícolas, siempre presente en los reducidos espacios isleños, ha provocado en Mallorca la presencia de estructuras edificadas de piedra seca, en gran parte construidas durante la edad moderna y contemporánea y que han marcado el carácter de los paisajes agrarios, dominados visualmente por la piedra, aunque con diferencias muy notables según la parte de la isla.
En las anchas llanuras calcáreas que predominan en el sur y levante de la isla las estructuras más significativas son los muros de separación de las propiedades y de las diferentes subparcelas en las explotaciones. Estas paredes, altas, complejas y a menudo hechas cuidadamente, comparten y caracterizan los paisajes con sustrato calcarenítico, como las marinas de Llucmajor, de Santanyí de Llevant y de Petra, así como otras áreas menores, cerrando el mosaico de usos que les caracteriza y en el que alternan la comunidad vegetal con los terrenos cultivables y los pastos.

 El proceso de roturación de nuevas tierras para su dedicación a la agricultura funcionó durante varios siglos mediante el sistema de rotes, contrato de arrendamiento de tierras a largo plazo a cambio de su cultivo; la repetición de este sistema queda marcada sobre el territorio por una intensa presencia de casas (barracas) edificadas igualmente con la técnica de piedra en seco. Las barracas, a parte de su utilización para la actividad de los aparceros, se ligan también a aprovechamientos ganaderos (barracas para el ganado) o para otras actividades extractivas (carbón, extracción de agua, pesca…).

El incremento de las tierras aprovechables necesitó igualmente elementos de control de los excesos hidráulicos; en este sentido, las tierras del Pla de Mallorca están sistemáticamente drenadas mediante albañales y acequias, conducciones tanto superficiales como subterráneas, mientras que la mayor parte de recursos torrenciales aparecen canalizados y reconducidos entre muros de piedra seca, y en determinados casos anulados por muros transversales (parats).

Finalmente hay que tener en cuenta el elemento de piedra seca más destacable de la isla, que son los acondicionamientos de la mayor parte de laderas de la sierra de Tramuntana y otros lugares montañosos con terrazas de cultivo soportados por muros de piedra seca (marjades o paredes). Los campos de bancales son omnipresentes en la montaña mallorquina, tanto en zonas de pequeña propiedad como en las grandes posesiones, y, con independencia de las litologías, constituyen entidades complejas, en que además de terrazas aparecen numerosos elementos asociados, desde caminos a intrincados sistemas de drenaje y reconducción de aguas, además de mecanismos de conexión, pequeños habitáculos y elementos de soporte.

Terrazas para la agrícolas en Mallorca

Terrazas agrícolas en Mallorca

Terrazas agrícolas en Mallorca

Terrazas agrícolas en Mallorca

Terrazas agrícolas en Malorca. Deià

Terrazas agrícolas bajo el pueblo de Deià, en Mallorca.

La expansión de tierras agrícolas de montaña, cuyo inicio no permiten datar con seguridad los conocimientos actuales, duró –en líneas generales– hasta principios del siglo XX, aunque desde finales de las primeras décadas de esta centuria empezó un progresivo proceso de abandono de los territorios con rendimientos marginales, que afectaran primeramente a los municipios de la parte más abrupta de la sierra y con un régimen de propiedad latifundista. En cambio, en determinados lugares con una propiedad minifundista, como el valle de Sóller, la expansión del olivar, y consiguientemente de las paredes, duró hasta la década de 1940.

Los complejos paisajes de piedra mallorquines han sido en buena parte el resultado de la acción de un colectivo de artesanos especializados en el trabajo de la piedra seca, los margers (paredadores), que, sin llegar a configurar un gremio independiente dentro del complejo mundo laboral de la sociedad tradicional, han constituido un grupo de trabajadores con un utillaje, unas técnicas y un proceso de aprendizaje bien establecidos y diferenciado de los otros oficios relacionados con la construcción, como los picapedreros o los otros oficios relativos al trabajo de la piedra.

El mundo de la piedra en seco forma parte de la imagen arquetípica de la isla que se vende a los visitantes, que por otra parte constituyen la base de la economía insular. La trascendencia territorial de los procesos del escalonamiento de terrenos queda así bien demostrada. El proceso de catalogación aún no finalizado permite aventurar que una extensión de la montaña mallorquina de unos 200 km2 está sostenida por bancales, mayoritariamente realizados con técnicas bastante cuidadas y con unas características constructivas de notoria complejidad. Algunos elementos que ejemplifican el grado de perfección del ribazo en la isla son las notables alturas medias de los muros de contención (son frecuentes los que tienen de 2 a 4 metros de alto), el predominio de la piedra bastante trabajada y –sobre todo– su integración en unos conjuntos complejos y planificados. Así, los campos formados por bancales están dotados de elementos complementarios, tanto para solucionar el acceso (escalones voladizos, escaleras, rampas), como con una finalidad hidráulica (albañales, acequias de drenaje, pozos, cisternas, aljibes…) y para servir de cobijo a las personas o al ganado. Quizá la atribución de este patrimonio a un colectivo de constructores altamente especializado hace que, a pesar de las décadas de abandono que han sufrido, se encuentre en un estado de conservación relativamente bueno.

Los valores ambientales de los conjuntos de bancales corren paralelos a su interés constructivo y patrimonial. Los más de 10.000 kilómetros de muros de contención de la montaña mallorquina constituyen un particular microhábitat de características únicas y que con el paso de los siglos son el único lugar donde arraigan taxones endémicos como los interesantes helechos baleáricos (Asplenium majoricum, Asplenium sollerense, Asplenium orelli). También fuentes y aljibes en estos ámbitos son un buen refugio para el ferreret o sapillo balear (Alytes muletensis), interesantísimo anfibio endémico mallorquín que, descrito científicamente en la década de 1970, constituye un verdadero tesoro biológico. Pero sin lugar a dudas, el principal valor ambiental de la obra de piedra es la función de regulación de la escorrentía ejercida por las terrazas de cultivo y elementos hidráulicos asociados, que se muestra fundamental en la regulación de las avenidas y de la pérdida de suelo en un lugar como la sierra de Tramuntana con una pluviosidad total anual muy elevada (hay zonas donde la media anual de precipitaciones llega a los 1.500 mm), y donde son posibles aguaceros de mucha intensidad horaria, con valores en 24 horas que a menudo superan los 200 mm y que excepcionalmente han alcanzado los 800 mm en un solo episodio.

Paredes y muros mallorquines

Pared seca mallorquina

Pared seca mallorquina

Pared seca mallorquina

Pared seca mallorquina

 

Paredes y muros Incas
 
 
 

 

Paredes y muros Incas

Paredes y muros Incas

Paredes y muros Incas

Paredes y muros Incas

Paredes y muros Incas

Paredes y muros Incas

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Animales de las alturas

por Seby el 13 Feb 2009, en Animales curiosos

Llama

Llama

LLAMA
La Llama es el más grande de los cuatro camélidos sudamericanos. En realidad la llama, al igual que la Alpaca, es un animal creado por la mano del hombre. Hace más de 4500 años que se domesticó y en la naturaleza no se conoce en estado salvaje.

Antes de la presencia española, las llamas fueron representadas en la cerámica Mochica (200-600 d. C.) y constituyeron los únicos animales ungulados domésticos del Imperio Inca. Fueron apreciados no solamente como las bestias de carga, sino también por su carne y las lanas. De hecho, las llamas fueron utilizadas en lugar del caballo, del buey, de la cabra, y de las ovejas originarios del Viejo Mundo.

Una llama adulta puede lograr una altura de 1.3 metros en los hombros con un peso máximo de unos 140 Kg. El período de gestación toma once meses.

Alpaca

Alpaca

ALPACA
Las alpacas pesan entre 60 y 70 kilogramos y su altura a la cruz es de 1 metro, superando levemente a la vicuña, su ancestro. Han sido seleccionadas para la producción de fibras, cuyo diámetro varía de 12 a 28 micrómetros, las cuales son muy utilizadas aún en estos días.

Son animales típicos de la Puna húmeda del Ecuador, Bolivia, Perú y otros sitios más al sur. Casi no hay alpacas en Argentina, pero en la actualidad hay muchísimas en Estados Unidos, Europa y Nueva Zelanda debido a su exportación del Perú. Se encuentran en manadas numerosas que pastan en las alturas llanas de los Andes del Perú meridional, del norte de Bolivia y de la parte septentrional de Chile, a una altura aproximada de 3.500 a 5.000 metros sobre el nivel del mar, durante todo del año. No se utilizan como bestias de carga, como las llamas, pero se valoran por sus lanas, de las cuales se hacen las mantas y los ponchos indígenas tradicionales entre otras múltiples prendas de vestir de consumo local y de exportación.

Los cuatros únicos colores son marrón, negro, blanco y gris. La capa es de gran longitud, llegando casi a rozar la tierra.

La estatura de la alpaca es considerablemente menor que la de la llama, compartiendo con la llama y el camello el hábito de escupir, utilizado para mostrar agresividad o como método de defensa.

La alpaca tiene dos razas: la huacaya y la suri, las que se diferencian por su fibra. La fibra de la huacaya es opaca, rizada y esponjosa, parecida a la lana de oveja, mientras que la fibra de la suri es lacia, sedosa, lustrosa y brillante.

Guanaco

Guanaco

GUANACO
El Guanaco, Huanaco o Luan, es uno de los cuatro camélidos de América del Sur. Su ubicación se extiende por la cordillera de los Andes, desde el norte de Perú hasta Tierra del Fuego, también habita en la Patagonia Argentina. Su ubicación era más extensa, abarcaba más al norte en las altiplanicies de los Andes y al occidente del sur del Brasil, Paraguay, llegando hasta Uruguay. Hoy en día sólo los encontramos en regiones frías, pero se estima que son animales de clima seco, indiferente de la temperatura.

Al igual que la Vicuña, es una especie salvaje, no domesticada. Algunos científicos estiman que la Llama y la Alpaca son razas derivadas del Guanaco. Otros consideran que son tres especies distintas, como los presentamos aquí. En realidad las dos teorías tienen validez.

 Su cuerpo está revestido de un pelaje de color rojizo, más claro en las patas, de muy buena calidad. Su lana se utiliza obteniéndola de la esquila del guanaco vivo. Este camélido, antecesor de la llama puede llegar a pesar más de 100 kilogramos y vive entre 20 y 25 años. Corre a gran velocidad (unos 50 km/h), lo que lo ayuda a huir de su principal depredador: el puma.

 

Vicuña

Vicuña

VICUÑA
Las vicuñas son los camélidos más pequeños, pesan entre 40 y 50 kg y tienen una longitud de 80 cm. Son silvestres. Su color es beige o vicuña (marrón claro rojizo) en el lomo y blanco en la zona ventral y las patas, con variaciones dependiendo de las zonas geográficas donde habitan. Las poblaciones norteñas son más oscuras y tienen un mechón en la parte delantera de pelos largos y blancos (mechón pectoral). Las vicuñas tienen las patas con almohadillas y la fibra de su lana es la más fina del mundo. Su distribución se limita a la puna, a más de 3.200 msnm. Las vicuñas habitan las altiplanicies cuyo clima es frío y seco. Son herbívoras y se alimentan de las plantas de la estepa puneña. Otros animales que también se alimentan en estas estepas son los ñandues, la vizcacha, la chinchilla y otros camélidos (guanacos, llamas y alpacas). Las vicuñas están muy adaptadas al ambiente donde viven, ya que son los herbívoros silvestres nativos del continente americano más importantes en ese ecosistema. Por su forma de alimentarse se les ha denominado “pastoreadores de bajo impacto”, lo que significa peligro la posibilidad de recuperación de las pasturas. A diferencia de los camellos, las vicuñas son “bebedoras obligadas”, en todos los días, por lo que generalmente viven cerca de los ríos o de lagunas. Los pobladores de la Puna aseguran que las vicuñas tienen dueño: ellas son el ganado de la Pachamama, la madre tierra, y tienen su propio pastor, Coquena.

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